El Reino Humano – 1ra.Parte

El Reptiloíde-Antropoíde
Esta página no es un postulado sobre origen del hombre, pero si es un concepto dilucidado lo más brevemente posible de la evolución humana. Existen muchas publicaciones que hablan sobre la evolución, pero el tema tratado se refiere al Cuarto Reino de la Naturaleza o Reino Humano, es decir, el desarrollo del Cuarto Pilar de la Evolución.
Entre 300 y 250 millones de años atrás se formaron los grandes dinosaurios —extinguidos hace 60 millones de años atrás—. Ante el ocaso de la extinción de los saurópsidos, comenzó una nueva fase en la Naturaleza para crear el prototipo de la raza humana. La Naturaleza realizo experimentos de trasmutación con los “saurópsidos ancestrales”, de ese modo, los antepasados inmediatos aparecieron por primera vez, y mediante mutaciones sucesivas, derivaron en la formación de un arquetipo Proto-Humano.

El experimento fue canalizado por los Portadores de Vida con un prototipo hembra, donde los órganos de procreación se desarrollaban gradualmente para trasmutar en placentario. Después de muchas mutaciones en prototipos “saurópsidos”, hizo su aparición súbitamente un “reptiloide-antropoide”, —una Infra-clase de “antropoide” con características mamíferas—. La estructura genética de “reptiloide antropoide” era similar a la del “saurópsido”. No ponían huevos, pero las progenies se desarrollaron como mamíferos y podían copular. El “reptiloide-antropoide” fue un dominante ser, con poco cerebro centrado alrededor de los ojos, pero poseía un cuerpo bien desarrollado y dotado de una capacidad tremenda para la supervivencia.

En el transcurso de las edades, el “reptiloide-antropoide” fue eliminado su cola hasta tener nada más que un pequeño rabo. Su morro se fue achicado, —es decir, no lo tenía tan grande como los antecesores saurópsidos—, pero aun seguía teniendo características propias de reptíl. La piel y su metabolismo era “reptiloide”, muy rugosa y dura, tenía menos dientes, y no se reconocería como saurópsido. Evos después, la Naturaleza por otro método de trasmutación astral-física desarrolló el Homo Primigenius, un arquetipo de “Antropoide-Humanoide”.

El Antropoide Humanoíde
Desde el punto de vista evolutivo, el “Antropoide-Humanoide” no surgió desde los primates, –entre los cuales están los simios, monos y musarañas–, como ha sido “teorizado” por los antropólogos, surgió desde los Portadores de Vida y los seres “luminosos e incorpóreos” hasta transmutarse en un “Reptiloide-Antropoide”, es decir desde las “chispas divinas”, lo etéreo, lo saurópsido y lo material. Pero independientemente de cómo se desarrolló el “Reptiloide-Antropoide”, la energía astral-física se trasmutó y se infiltró en las manifestaciones de la vida para dar expresión a la materialidad evolutiva en el Cuarto Reino de la Naturaleza.

De la trasmutación del “Reptiloide-Antropoide” surge el arquetipo “Antropoide-Humanoide”, una Infra-clase de hombre-animal denominado: “Pitecanthropus”. —El término hombre-animal se refiere a la descendencia macho y hembra—. El arquetipo se logró por el proceso de trasmutación evolutivo, donde el emergente “Antropoide-Humanoide” fue trasmutado en una unidad antromórfica denominada “Antropoide-Homo Primigeniuos”. El Reino Vegetal propició la energía del átomo astral para que el “Antropoide” se trasmutara en un ser macho y hembra. Los Portadores de Vida intervinieron en la transmutación del Reino Humano en el Planeta. El “Antropoide-Homo Primigeniuos” tenía alma, sólo le faltaba tomar conciencia de quién era en verdad, para integrar y fusionar los aspectos mentales y emocionales, que no es sino integrar y unificar de manera consciente sus habilidades y destrezas.

Así van pasando las épocas y “Antropoide- Homo Primigeniuos” empieza a reproducirse. Por tal motivo se puede deducir que el “Homo Primigeniuos” no se desarrolló de la “Vida Primitiva”, como si lo hicieron el Reino Mineral, Vegetal y Animal, fue proyectado desde planos de vibraciones superiores. Era un ser que tenía un poderoso cuerpo físico, eventualmente habría progresado, estaba dotado de una capacidad tremenda para la supervivencia, tenía un coordinado cuerpo astral y un germen rudimentario de mente, con lo cual, algún día podía constituir el núcleo de un cuerpo mental y había alcanzado un cierto grado de sensibilidad y percepción.

Después de una serie de mutaciones, el “Homo Primigeniuos” pasó a ser una entidad auto-consciente y activa, pero estuvo abandonado por la Naturaleza a sus propios medios durante largos eones. Con el surgimiento de la vida primitiva, comenzó una nueva vida y surgieron los primeros eslabones, los primeros candidatos de transición entre el “antropoide-humanoide” —Nuestros antepasados, los primeros ancestros proto-humanos—. La etapa de desarrollo del “Homo Primigeniuos”, —ocupó los últimos cincuenta millones de años de la Era Cenozoica—. El período englobó el apogeo y principio de la decadencia de la “dinastía saurio”. Durante la etapa Cuaternaria, el “Antropoide- Homo Primigeniuos” dio paso a un nuevo prototipo hombre-animal denominado Proto-Hominida.

Evolución de la raza “Proto-Hominida”
En los albores de la raza las formas no perduraban, tenían una breve duración. La evolución avanzaba lentamente con la tendencia al ascenso de todas las cosas. Los seres Vivían vigorosamente durante un breve período; se movían con rapidez y luego eran reemplazados por otra forma. Esta rapidez evolutiva aumentará y no disminuirá hasta que la conciencia, o expansión interna de la vida de la raza vibre siempre a un ritmo más rápido y ligero.

Al principio la Naturaleza fracasó al estar abandonada a sí misma en la creación del Reino Humano. Los primeros ancestros no fueron físicos, sino meros rudimentos de las razas futuras, como por ejemplo, la raza A-sexual, los “nacidos del sudor”, la raza andrógina, la raza Hiporbórea, la “generación espontánea”, “los nacidos del huevo”, etc. Pero después la Naturaleza, mediante un proceso de trasmutación creó un arquetipo denominado “Proto-Huminido”. La transformación y transmutación del “Proto-Homínido” fue un misterioso proceso de cristalización del alma grupal de “antropoide-humanoide”, de ese modo se realizó la trasmutación y fue creada la primera sub-raza de la Tercera Raza.

Se denomina “Homínido”, —del lat. homo, -ĭnis, hombre, e ‒́ido—, al progenitor de la primera raza emparentado con el Homo Sapiens Sapiens, los representantes de la familia biológica a la cual pertenecemos. El proceso de cristalización fue una metamorfosis enteramente astral-física para estimular, despertar y desarrollar la mente en los Homínidos y transformarlos en un alma viviente, lo cual se realizo como estaba previsto. Los Homínidos alcanzaron un desarrollo en línea directa que los llevo en forma ascendente, desde los “reptiloides-antropoides” hasta los tiempos de la aparición del Cuarto Reino de la Naturaleza. Así van pasando las épocas y se fue desarrollando una raza Homínida. En sus comienzos fue cuadrúpedo, con con características y un ADN similar al humano, y podía procrear. Tenía un cerebro grande y algunos cambios menores, pero inclinando su apariencia física hacia el arquetipo humano. Fue un prototipo de sangre caliente, con corazón de cuatro cámaras, donde la sangre salía a través de la válvula aórtica izquierda, la cavidad de su cuerpo era dividida por el diafragma y con un hueso en el oído medio heredado del “reptiloide-antropoide”. Se hicieron de ciertos rasgos especiales: Buena visión y manos para sujetarse en las ramas. Durante su desarrollo, fueron coordinando, estimulado y proporcionando la concretización para el futuro desarrollo humano, —es decir para la adaptación y traslación del propósito de creación un prototipo humano—. El desarrollo fue en línea directa, y se diversificaron en diferentes grupos tribales que derivaron en otras regiones.

Esto eventualmente los llevó a un a un punto, donde la propia acción de la radiación lo capacitó para cohabitar armoniosamente en la creación del Cuarto Reino de la Naturaleza, lo cual los llevaría en forma ascendente, desde el emergente “reptiloide-antropoide” hasta la raza denominada “Homínido Ramaphitecus”. Pero los Homínidos no vivían más de veinticinco o treinta años, debido la agresión de otras especies y también su código genético no le daba para más. En cuanto a su evolución, fue “very slow”, casi nulos. La radiación armoniosa desde el Reino Mineral, —la cual abarcó un largo período de tiempo—, contribuyo a la cristalización del “Ramapithecus”.

4.- Desarrollo de los “Ramaphitecus”
En la etapa Cuaternaria y durante la época ascendente, los “Homínidos” desde su origen, fueron generando la raza arborícola “Ramapithecus”. —Se denomina “Ramapithecus”, porque que vivía en forma similar a los gibones y monos actuales—. Los primitivos “Ramapithecus” de los tiempos símicos, estaban directamente emparentados con los “reptiloide-antropoide” y cuyas progenies sobrevivieron hasta mediados de la etapa Cuaternaria. Los “Ramapithecus fueron un sub-raza proto humana macho y hembra, —animal humanoide con raciocinio abstracto—. Procreaban por medios sexuales y se desarrollarón en esa dirección. Ambos sexos fueron necesarios para lograr la creación del ser humano en el Planeta. “Uno no podía obrar sin la otro”.

El “Ramaphitecus” fue una raza arborífica, pero debido a la agresión de los animales salvajes, permanecían la mayor parte del tiempo en los árboles. Vivían cómodamente allí para su protección, en lugar de permanecer en el suelo. Se alimentaban de frutos, eran cuadrúpedos con características humanas, algunos más grandes, otros más pequeños, esto en cuanto a la evolución biológica. Además de las manos, también usaban los dedos de los pies, así de ese modo, podían trasladarse fácilmente. En tierra estaban subordinados a la agresión de los elementos peligrosos.

La evolución de los “Ramapithecus” fue “very slow”, su decodificador cerebral se desarrollaba muy lentamente. Transcurrían las edades y la evolución de los “Ramapithecus” seguía siendo “It was not so fast”, era una evolución normal para los antropoides de la época, que lo único que sabían hacer era quitar la concha a un cambur. Su conciencia era muy básica, no tenían entendimiento, solo estaban dotados de la facultad de instinto y de formas rudimentarias para la sobrevivencia. Tenían miedo a todo, a la oscuridad, los truenos, la lluvia, etc. Su forma de vida era estar en las ramas, pero debido a un cambio climático bajaron para adoptar la locomoción bípeda, —siempre tuvieron esa tendencia—, y evolucionaron hasta ser completamente bípedos, se hicieron de rasgos especiales y cambios biológicos: Buena visión, manos fuertes y cerebro grande, pero solo vivía entre 30 y 40 años,

Los “Ramapithecus” fueron andantes completos, de pasos graduales y grandes zancadas, no se desenvolvían en un solo lugar, sino que surgían con grupos en otras zonas del sudoeste de Asia, —entonces casi un paraíso—, y otros distintas regiones del Planeta. A partir de las progenies de los “Ramapithecus”, se formaron dos grandes grupos: Las tribus arborícola símicas de los tiempos anteriores, y las especies proto-huminidas relacionada con tribus proto-humanas, de donde se fue generando una “infantil” raza lemur.

La raza “Ramapithecus” por agotamiento de su ADN, duró unos cuarenta mil años, los límites que señalan el final de la raza Ramapithecus y la aparición de la “infantil” raza lémur no son exactos, pero se puede deducir que aparecieron hace unos 18 millones de años cuando el Sol se hallaba en el Signo de Leo, y se extinguieron miles de años después de la individualización.

Los “Cascarones Vacíos”
Los procesos de la Naturaleza son difíciles, pero pudo crear los primeros tres Pilares de la Evolución, —incluido el reino de los animales inferiores—; pero cuando le tocó el turno al Reino Humano, fueron necesarios para su creación, poderes espirituales, independientes e inteligentes, además de los “vestidos de piel” y del “soplo de vida”. Antes de establecerse la línea directa de la descendencia humana, los Portadores de Vida hicieron nuevas aportaciones para propiciar la implantación de la vida humana en el Planeta, que ya venía evolucionando.

La etapa de la aparición del ser humano, no puede tomarse como una fantasía esotérica, porque fue un evento que aconteció en el Planeta, después del período glaciar hace unos 18 millones de años. Los seres humanos del Planeta Tierra evolucionaron a través de una “primitiva especie anura” y posteriormente del “saurósido-antropoide”, pero hubo no menos de mil variedades distintas de vida primitivas situadas en emplazamientos remotos, los cuales pudieron haber sido arquetipos humanos por transformación o por mutación. El prototipo hombre-animal fue una metamorfosis enteramente astral-física que se realizo como los ancestros astrales lo tenían previsto.

Fue un proceso de trasmutación y materialización, una continua y misteriosa etapa de transformación precedida por etapas de saltos “repentinos”, la cual fue el punto de partida para la evolución humana en el Planeta a través del arco descendente y el arco evolutivo ascendente, una metamorfosis enteramente diferente en la evolución. Durante la etapa primitiva de la raza arborícola Ramapithecus, existía una abundante vida, pero había una diferencia abismal entre el Ramapithecus y lo espiritual. Las progenies se desarrollaban bípedas y verdaderamente fisiológicas, sólo tenían alma grupal, no tenían cuerpo electrónico ni analogía con el Adán que menciona la Biblia, un Adán que solo tenía el soplo de vida. —El cuerpo electrónico es un campo de fuerza que rodea al cuerpo físico, o la estructura atómica es la forma más densa—. Las “chispas” encarnaban en los Ramapithecus, intentaban una y otra vez modelar un cuerpo Ramapithecus para habitarlo, pero fracasaron, los Ramapithecus no tenía alma viviente.

Las “chispas” encarnaban en “cascarones vacios”, en seres primitivos que prácticamente no existían como seres en evolución. El peregrinaje cíclico de los “cascarones” se inició a través de los primeros ciclos de vida en estado semi-insconcientes, partiendo de una línea de demarcación, entre los antecesores “Antropoides” y las progenies Ramapithecus aún no desarrolladas. Los “babiecas cascarones vacios” sólo contaban con la mente reactiva para reaccionar ante el peligro, simbólicamente fue una evolución “very fast”, una verdadera escala de progresivos peldaños o niveles que tenían para ascender los proto-hominidas. Por tal motivo, se puede deducir que la raza humana fue proyectada por los Portadores de Vida para el desarrollo de los elementos físicos-materiales, o sea el producto terrenal animado requerido para evolucionar el Reino Humano y su desarrollo dependía de cómo tenía que desarrollarse la vida y su ADN, en cada época y lugar mediante sucesivas encarnaciones.

El Propósito: La Individualizacion
En la Era Terciaria y existía un “efecto invernadero”, un “abismo” que separaba a la Naturaleza para la creación del Cuarto Reino de la Naturaleza, y la aparición mediante el evento de la individualización, de seres verdaderamente humanos, pero antes de la individualización hubo una trasmutación de los rudimentos de las futuras razas. Primero fueron “antropoides-humanoides” y durante la etapa “Cuaternaria” fueron “Pitecanthropus” macho-hembra. Después en la 2° mitad de la 3° Raza-Raíz surgieron los “cascarones vacios”, la raza Proto-Humana Ramapithecus. Edades después, hace unos 21.700 millones de años cuando el Sol estaba en el Signo Sagitario, los Portadores de Vida propiciaron el evento de la individualización.

Los guarismos de entrada del Sol en el Signo, —la exactitud no es posible en un sistema de mutación como el terrestre—, son 21.688.345 años atrás. Estos números no tienen ningún valor en la actualidad, porque no pueden ser comprobados como correctos o incorrectos.
Hace unos 18 millones de años, el Sol estaba transitando la Constelación de Leo cuando tuvo lugar en el plano físico, evento de la individualización, —el cual se realizó en la antigua Lemuria—. El proceso se inició en el Plano Astral, como resultado de un estímulo espiritual que produjo acon¬tecimientos físicos externos. A finales de la Era de Leo se abrió la puerta para la encarnación individual. A partir de ese momento, —la Era de Leo—, las puertas quedaron abiertas para la encarnación de las “chispas”, para de ese modo iniciar y acelerar la evolución de la 3° Raza. Las investigaciones posteriores demostrarán su utilidad cuando se comprenda mejor la naturaleza del tiempo.

Hace 18 millones de años (ac) tuvo lugar la incipiente evolución humana con el desarrollo de la raza lémur, que empezó a experimentar con un Proto-Humano individualizado. A partir de esa etapa, las “Chispas” empezaron a manifestar la presencia activa y el uso de los poderes y capacidades para encarnar y desarrollarse físicamente. En el evento de la individualización fue la primera crisis humana, donde los “cascarones” se trasformaron en un alma viviente, pero los factores dominantes para la creación del primer Proto-Humano, derivó del “Ramapithecus y del plasma vital que venía evolucionando, esto como resultado de un estímulo aplicado por la Jerarquía Espiritual.
El campo de la individualización fue Lemuria, —Un pequeño continente ya desaparecido—, El evento cambió el rumbo de la evolución humana, la cual se inició desde los “emergentes Sauropsidos” hasta llegar a la “infantil” raza lemur que pugnaban por abrirse camino y ser programados para registrar peregrinaje evolutivo a través de la experiencia Universal. La individualización fue la apropiación de la conciencia básica de los homínidas lémures para tener una identidad individualizada, —se denominan lémures a las progenies nacidas en Lemuria—.
En el evento de la individualización, los “cascarones vacios” se trasformaron en almas vivientes. Fue una etapa de concreción y materialización, el punto de partida para que los antecesores “cascarones vacios” se convirtieran en seres verdaderamente físicos. –Es decir, cada “Chispa Divina” o espíritu podía encarnar y actuar en el cuerpo físico con su cinco sentidos. La “infantil” raza lémur era muy básica, sin mentalidad ni entendimiento, su tendencia era tener características humanas. El método empleado para aligerar el proceso, fue elegir entre los Proto-Humano más evolucionados y otorgar en algunos, el don de la mente, y en otros, estimular la facultad instintiva, mientras que en otros, —una minoría—, el método consistió en dejar que siguieran el curso normal de la evolución.
A partir de la individualización, los “cascarones vacios” proto-homínidas empezaron a manifestar la presencia activa, su tendencia era tener características humanas y generar a nivel genético la mente reactiva, a fin de que mediante sucesivas encarnaciones fuese un arquetipo espiritual, —es decir como una identidad espiritual—. El arquetipo espiritual es una energía que se puede infundir en los seres humanos para un período de tiempo determinado y hacerlos sentir de forma particular, dentro de las relaciones con otras razas.

La etapa de individualización fue proceso que tardó aproximadamente 5 mil años en madurar. La Era de Leo fue el cómputo astrológico defi¬nido que sirvió de base para citar dicho evento. La etapa abarcó un período de trasmutación y materialización física de la evolución humana. Una metamorfosis enteramente diferente, donde las “chispas” dotadas de cuerpo electrónico podían encarnar individualmente en organismos físicos.

¿Qué le quedó a la “infantil” raza lemur con la Individualización?
Se logró la cristalización definida del alma grupal del “antropoide hombre animal” hacia el alma individual, denominada hoy Cuarto Reino de la Naturaleza o Reino Humano. El despertar de la mente en el Homínido, se logró según la siguiente quíntuple forma:
1.- Por la encarnación directa de Sanat Kumara y seres avanzados de Venus que trajeron energías de Shamballa con nuevos y necesarios factores evolutivos.
2.- Por la implantación definida de lo que se llama en las Escrituras Esotéricas “la chispa de la mente”. Esto es simplemente una forma pictórica de representar la evolución, por un acto directo, de la necesaria unidad de la mente o mecanismo mental del pensamiento, dentro del cuerpo físico.
3.- Por el estímulo gradual de la facultad mental de la “infantil raza” y la continua vitalización del germen latente de la mente, hasta que floreció como mente manifestada.
4.- Es estimulo mental fue vital para reforzar la “infantil” raza lémur, la cual contribuyó con la evolución de la especie humana.
5.- Después de la individualización, la raza lémur empezó desarrollarse, y a marchar “Pari Passu” con la evolución. “The evolution of hominids was very slow, did not succeed”.

La Energia de Shamballa
Pasaron las eras, —y en fecha posterior, aproximadamente 18 millones de años atrás, cuando el Sol estaba en Leo—, Trabajando contra el tiempo, Sanat Kumara acompañado por tres Kumaras, llegó de Venus el día en que la ciudad de Shamballa estuvo terminada para entrar en Su residencia. Felices y agradecidos estaban los constructores, quienes habían soportado el esfuerzo de 900 años para completar la ciudad de Shamballa. Un sitio tan magnífico que nunca jamás la semejanza del mismo ha sido igualada en ningún momento en el Planeta. En Shamballa, los Kumaras se arrodillaron en acción de gracias y aplicación ante Dios y Sanat Kumara.

Alli, en ese sitio tan magnífico fue donde se irguió la sagrada presencia de Sanat Kumara, el cual trabajando únicamente con energía —vital— calificada con amor, atrajo a sí a otros seres que estuvieron dispuestos a ayudarlo a dar inicio a la individualización y conformar así, un registro etérico para redimir a las primeras “chispas” que debían encarnar en cuerpos humanos individualizados.
Con la llegada Sanat Kumara, otros seres avanzados llegaron de Venus dispuestos a encarnar en los “cascarones vacios”, para dar forma a los cuerpos electrónicos de las “chispa” y actuar en la carne, para constituir el registro de la actividad externa de la mente. Los Portadores de Vida y los Seres de Venus introdujeron su sabiduría, conciencia superior y talentos especiales, y con su ejemplo, también emergieron físicamente con selectos miembros de la especie humana en orden de avanzar las codificaciones de ADN de la infantil humanidad lémur.
Pero las “chispas” de los pilares precedentes, necesitaban algo más elevado que los materiales puramente físicos para construir sus personalidades. Los ancestros en demanda del “Punto Inicial de la Evolución Humana”, enviaron una parte de las energías que encarnaban la cualidad de “mentalización” para la evolución de la “infantil raza”—. Pero las “chispas” necesitaban algo más elevado que los materiales puramente físicos para construir sus personalidades. Los ancestros de Venus fecundaron su cerebro, —si así puede decirse—, y los mejoradores biológicos de Venus se prestaron a encarnar voluntariamente en los “cascarones vacíos”, para de ese modo producir la coordinación entre el cerebro y la mente.
Desde el día de la llegada de Sanat Kumara, la “infantil raza”, se estremeció en el sueño de su alma, empezó a evolucionar para aprender a convertirse en Luz y Amor, e irradiar para ayudar a elevar el universo una octava más. Sólo dos veces en la historia de la Raza Humana apareció la energía de Shamballa para ayudar a la raza humana. Shamballa creada durante largas centurias para la llegada de Sanat Kumara
El advenimiento de la Jerarquía Espiritual, fue para la “infantil raza” un acontecimiento épico, y produjo dos cosas: Avivar la “chispa divina” para formar los cuerpos electrónicos y acelerar el codificador mental de la raza. Con el advenimiento de la Jerarquía, la Naturaleza se obligó a dar el próximo paso que la separaba de los Ancentros Etéricos y con la ayuda espiritual, la “infantil raza lémur” pudo ser instituida y estar disponible para la creación del Reino Humano. El esfuerzo de las entidades espirituales convirtió a los representantes de la familia biológica humana, —a la cual pertenecemos—, en el Homo Sapiens Sapiens de la raza actual.
Sanat Kumara y la Jerarquia Espiritual, con Su Luz y Amor pudieron dar inicio en la Tierra la evolución humana. La etapa se pueden definir como: “El Punto Inicial de la Evolución Humana”, la cual coincidió con la aparición del Cuarto Pilar de la Evolución o Cuarto Reino de la Naturaleza
“Beyond Individualization”
¿Qué sucedió después de la Individualización?

La Raza Humana no fue producto de la teoría llamada “hominización”, el Homo Sapiens Sapiens evolucionó a partir de “saurósidos-antropoides-humanoides”, derivados de un el reptil apodado cariñosamente “Pachyrhachis”,—una especie que existió el período Triásico—, producto de la implantación accidental de la vida en los antiguos mares. La “hominización” comenzó a partir de la individualización hace alrededor de unos 18 Millones de años, la cual ya venía evolucionando desde el “Antropoide-Humanoide”, y quien a su vez, originó un dominante “cascaron vacio” con poco cerebro, (Léase proto-homínido-hombre-animal.)

La individualización fue un misterioso proceso de transformación, donde el “Antropoide-Humanoide”, no era “Hombre-Animal”. Tenían individualidad propia, estaba dotado de la “chispa divina”, por lo cual podía encarnar en cuerpo electrónico. —Es decir, los espíritu podía encarnar en un cuerpo proto-humano y actuar con libre albedrio, tener rol-personalidad y podían procrear por medios sexuales. Las “chispas” podían penetrar en cuerpos físicos y vivir sus experiencias físicas.

Después de la individualización aparecieron los primeros proto-humanos sobre el Planeta y con el surgimiento de los proto-humanos, comenzó la nueva vida en el Planeta, surgieron los primeros eslabones, los primeros candidatos de transición entre el “antropoide-humanoide” y nuestros antepasados, es decir, entre el Homo Primigenius, los lemures proto-hominidas y los primeros ancestros verdaderamente humanos. Por tal evento, el Signo de Sagitario rige la evolución humana, porque simboliza el progreso hacia una meta consciente. Posteriormente, hace 16 millones de años, cuando el Sol estaba en la Era de Géminis se cerró la puerta a la encarnación animal.

Después de cerrada la puerta, las “chispas divinas” ya no tenían que encarnar en cuerpos de “Antropoides-Humanoides”. Con la individualización se logró la cristalización definida del alma grupal del Homínida denominada hoy cuarto reino o humano. El despertar de la mente con la individualización en el Homínida fue en forma triple:
a. Por la encarnación directa de ciertos miembros de la Hermandad Blanca, que trajeron así los nuevos y necesarios factores, trasmitiéndolos a sus progenies.
b. Por la implantación definida de lo que se llama en las Escrituras Esotéricas “la chispa de la mente” en el hombre animal. Esto es simplemente una forma pictórica de representar la creación del Cuarto Pilar de la Evolución, por un acto directo, de la necesaria unidad de la mente o mecanismo mental del pensamiento, dentro del cuerpo causal o espiritual.
c. Por el estímulo gradual de la facultad mental del hombre-animal y la continua vitalización del germen latente de la mente, hasta que floreció como mente manifestada. Esto abarcó un vasto período de tiempo

Evolución de los Lemures Proto-Homínidas
Hace alrededor de 18 millones de años, los antepasados inmediatos del género humano aparecieron por primera vez desde proto-homínidas placentarios, mediante tres mutaciones sucesivas y repentinas. Los factores dominantes de los primeros eslabones proto-homínidas placentarios, derivaron del “Antropoides-Humanoide” y del plasma vital que venía evolucionando. Gran parte de las mejores especies proto-homínidas fueron asimiladas ulteriormente por distintas ramas, que estaban en expansión y dieron origen a potenciales proto-humanos por mutación.

Van pasando las épocas hasta que empiezan a evolucionar los proto-homínidas que ya tienen un ADN muy parecido al humanos, así se van generando la 3° “infantil raza lémur”. Pero antes de la aparición del primer eslabón, y antes de que los potenciales humanos de la mutación de la vida animal se agotaran, evolucionaron no menos de siete mil especies favorables que podían haber logrado alguna suerte de modelo de desarrollo proto-humano, pero mucho antes de que las almas de Venus y los mejoradores biológicos llegaran al planeta, los potenciales humanos de algunas especies animales en evolución se habían agotado.

La nueva condición biológica de la “infantil raza lémur” se logró a través de la individualización, —la cual se desencadenó en forma automática y concomitante—, y dio origen a potenciales mentales e instintivos individuos proto-humanos, y en los cuales también disminuyó la capacidad de la anterior conciencia animal. Los mejoradores biológicos de Venus despertaron la mente de la “infantil raza” para transformarla en un alma viviente y lograr así, la entrada al Reino de los Hombres. El Reino Mineral proporcionó algo negativo pero vital, la esencia del átomo permanente y el Reino Vegetal proporcionó la energía positiva del átomo astral.

En los comienzos hubo alguna comunicación entre la raza lémur y los grupos de guías espirituales y guardianes especializados, pero con el tiempo ese regalo o habilidad fue perdida, y la raza se hundió profundamente en la conciencia material. Sucumbieron a la tentación de los sentidos físicos y gradualmente pararon de volverse hacia el interior para no sentir la conexión con los Reinos Superiores. Pero el mundo de la “infantil raza lémur” viene a ser los padres de todo el género humano, fueron a todas luces, superiores a gran parte de sus descendientes inmediatos, y fueron radicalmente distintos de todos sus antepasados, tanto inmediatos como remotos.

Los fósiles que se han encontrado, enseñan solamente desde su aparición en forma física durante la Etapa Cuaternaria hace unos 18 millones de años, desde cuando apareció la “raza” sobre el Planeta. Pero antes de establecerse la línea directa con la descendencia humana, las aportaciones de la implantación central de la vida, forzaron a iniciar la evolución humana desde África con un primer eslabón denominado “Afracaphitecus”, hace 2.5 millones de años.

2da. Parte, Evolución de los Africaphitecus.

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